A los que suman

Por lo general, preferimos vivir y trabajar rodeados de personas que contribuyen. Personas que suman y hacen más ricos nuestros pasos. Personas confiables, a poder ser generosas y, si todavía podemos pedir más, que sean responsables de sí mismas (en lugar de cargarnos a nosotros con lo que les corresponde a ellas).

¿Cuántas de las personas que nos rodean hoy están sumando?

¿Cuántas están restando de forma claramente descompensada?

A las primeras deberíamos cuidarlas. Asegurarnos de estar contribuyendo, nosotros también, a que su camino sea más grato.

A las segundas, quizás sea el momento de ofrecerles una amable despedida.

Todos transitamos a lo largo de tres ejes actitudinales que impactan, de alguna forma, en la calidad de nuestras relaciones personales y profesionales:

Eje de la Generosidad

“Existe un lugar saludable entre el egocentrismo y el servilismo. Se llama generosidad responsable.”

Las personas egocéntricas, sea porque no pueden, sea porque no quieren, son incapaces de ejercer una mínima empatía y pensar en los demás. Su foco de atención principal son ellas mismas y sus propias necesidades.

En el polo opuesto, las personas inmersas en el servilismo, han intensificado hasta tal punto su sensibilidad hacia las necesidades de los otros, que terminan olvidándose de sí mismas.

Ambas actitudes eliminan la posibilidad de establecer una relación equilibrada, donde el intercambio fluctúa con naturalidad entre lo que ofrecemos y lo que recibimos.

Esto último lo logra la generosidad responsable. Esa en la que sabemos atender las necesidades de los demás, y también sabemos poner límites a nuestra colaboración y entrega. Ser generoso de forma responsable significa dar en función de nuestras posibilidades, de nuestra energía, de nuestro tiempo y nuestras prioridades.

Para poder ser generoso con los demás también hay que ser generoso con uno mismo.

Eje de la Honestidad Coherente

“Existe un lugar confiable entre la mentira y la sinceridad infantil. Se llama honestidad coherente.”

En determinadas situaciones, algunas personas optan por mentir, o bien, por manipular la información que nos dan. Lo más probable en ambos casos, es que esas personas no quieran, o no puedan, confrontar lo que sucede. Para evitarlo, buscan fórmulas sucedáneas que desvirtúan la conversación y, al hacerlo, aniquilan cualquier posibilidad de inspirar confianza (o de mantenerla viva, si es que ya existía previamente).

En el polo opuesto, están los que se lanzan de cabeza a una sinceridad absoluta. Esa que sólo los niños son capaces de ejercer sin pudor. Decir todo lo que se nos pasa la cabeza sin ningún tipo de filtros, a menudo causa estragos en cualquier relación adulta.

Para lograr establecer relaciones confiables no nos sirve la mentira, ni esa sinceridad temeraria. Las relaciones confiables exigen honestidad. Nos reclaman coherencia y una forma clara y directa de conversar.

Eje de la Proactividad Oportuna

“Existe un lugar sostenible entre la queja y la hiperresponsabilidad. Se llama proactividad oportuna.”

La queja es una actitud cansina y desgastante que todos visitamos de vez en cuando. Las personas que se instalan en ella de forma permanente, exigen a todo el que decide escuchar, algo injusto e irresponsable: resuelve tu lo que a mi me pasa, o compadéceme, porque soy una pobre víctima.

A menudo los que escuchan están en el polo opuesto del mismo eje y, a pesar de las apariencias, su actitud tampoco ayuda: son los hiperresponsables. Estos cargan con todo, lo que les toca y lo que no. De esta forma, acaparan el universo de las responsabilidades, como si el techo pudiera caerse si ellos no se ocupan.

Bueno, a veces el techo tiene que caerse, y a veces las quejas, necesitan ignorarse.

Una relación será sostenible si cada uno ocupa su lugar, se ocupa de lo que le corresponde y deja espacio para que el otro también lo haga. Siendo proactivos asumimos nuestra responsabilidad de una forma oportuna: proponemos, nos ocupamos, compartimos y sumamos.

Creo que necesitamos trabajar con personas generosas. Capaces de mirar más allá de su ombligo, sin que por ello consuman todos sus recursos al servicio de los demás.

Creo que necesitamos trabajar con personas honestas en las que poder confiar. Que nos hablen claro y directo, sin manipulaciones ni mentiras, ni estallidos de sinceridad infantil.

Creo que necesitamos trabajar con personas proactivas. Que propongan y resuelvan de forma oportuna, sin quejas sistemáticas que desgastan a todos, ni hiperresponsabilidades que están fuera de lugar.

Realmente creo que necesitamos caminar la vida con personas que sumen. Y puede que también nosotros necesitemos hacerlo. Sumar. ¿Quién sabe?

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